Postrimerías de la tarde
un profundo y límpido aire
de un frío que se debate
-principiando mayo-
entre otoños veraniegos
y un viento sur que lo trae.
De pronto la puerta se abre
y en el cielo Ella,
sólo Ella cabe,
redonda, prístina,
envuelta en un aura
amarillo-plateada,
sutil, sutilísima,
de hermosura perfecta,
es sólo Ella
y nada más que Ella....
Luna, luna llena,
el río te imita:
se viste de plata,
el espejo de agua
te corona: cien mil veces reflejada,
y en vos me veo mujer,
profundamente enamorada,
única, purísima,
perfectamente clara.
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